Cuando la luz del día, a caminado hacia su rumbo occidental. De pronto al despertar entre las tinieblas busco una luz que alumbre mi andar, me asalta el recuerdo de la soledad, y el espanto de una extraña compañía.
Mirar atrás, es cada vez un reto más temerario. Mientras bajo las escaleras rumbo al baño, la sensación de un ser buscando hacerme daño se apodera de mis piernas, congelando así mis pasos. El frio excede lo normal y comprencible de aquella época del año.
Cuando entro al baño alguien se oculta en la regadera, mi corazón palpita como ya no queriendo, el aire se me escapa de este cuerpo, voltear es masoquismo de terror. Dios ha entregado mi sueño a aquel espanto nocturno, que me quiere hacer dudar, pero, que enciende más mi fé. No hay salida, no hay escape, el miedo me abate, ahoga mi coraje, todo muere lentamente en mí, menos el espíritu, menos la fé, menos ese dios que Dios ha hecho de mí.
Mi cuerpo siente estar rodeado de mil duendes, burlandose de mí. Abrir los ojos, prender la luz, sería un castigo a la vista, con imagenes de seres demoniacos, buscan doblegar mis piernas, debo permanecer parado, ya la noche se despide de esta parte de la tierra, y el terror que aquella vez sentí, como de seres llevandome a la muerte, de murcielagos rodeandome y golpeando, las cosas moviendose de lugar, las risas, las tentaciones, los retos; todo eso que asfixiaba mi garganta y engarrotaba mis dedos, esta viniendo a mi mientras escribo este texto, las lágrimas quieren venir y sigo en la lucha por terminar de escribir. Jalan mi ropa no hay fuerza humana capaz de vencerlos, mis miedos todos conspiran contra mi, esa noche fue tan larga, espero que esta no sea así.
Si acaso tu crees en Dios, debes saber que también ay un diablo.
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domingo, 27 de septiembre de 2009
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